miércoles, enero 24, 2007

UNA NOCHE EN LAS CUCARDAS (Primera parte)

UNA CONVERSA CON "EL CHINO" .
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Alguien escribió una vez que "El mundo está divido en dos partes, en los que tiran y los que no tiran". ¿SERÁ POR ESO QUE SIEMPRE HABRÁN PUTAS?
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- Quién fue el pendejo que te invitó aquí- me preguntó con su voz aguardentosa. No podía chuparme.

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- Pendejo no, pendeja. Me invitó la gerente de publicidad de los periódicos donde pones los avisos- respondí sonriendo.

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El Chino, atinó a dirigirme la mirada, pero sus ojos estaban cerrados. Su aliento de Oporto y Cuba Libre, evidenciaban su ser macerado en el alcohol. Habían pasado a penas 10 minutos después de mi entrada a Las Cucardas, llegué con pompa, con cuatro colegas más, incluida mi jefa, La Negra.
Fuimos recomendados para tener libre ingreso y atención de primera. Una habitación tras otra daban vida al extenso pasaje que nos dio la bienvenida junto a las jovencitas esbeltas y de sonrisas permanentes, aquellas que marcaban su territorio en cada puerta, todas eran bonitas, bonito cuerpo y bonita cara. Mi primera idea, fue que ellas pertenecían a la producción de la obra teatral que se iba a presentar esa noche – "Baño de mujeres", su controvertido productor, en sus ansias de obtener primeras planas y dinero, llevó la puesta hasta aquel burdel.
Sin embargo, el ritmo del tiempo y los movimientos de las chicas, terminaron por entregarme a la realidad: no era escenografía, los cuartos eran reales, las chicas putas y nosotras las dos únicas mujeres periodistas que habían osado pisar el lugar. Víctor Hugo Shimabukuro, es el verdadero nombre del dueño, de la personificación masculina y distorsionada de Rosa Cobarcas - La memoria de mis putas tristes- novio de todas, porque todas lo complacían, aunque este no lo pedía, le bailaban, besaban sin asco y propalaban carisias impúdicas, todas querían ganarle la gracia, ser la consentida. Los primeros minutos de mi temida tertulia, intimidó y preocupó a mi jefa, quien me observaba a poca distancia, preguntando si me molestaba la compañía de El Chino, si me había asustado. Nada de eso, todo estaba tranquilo.
A él, lo conocí por un reportaje de televisión, lo mostraban ebrio, como acostumbra estar todo el tiempo, con una pistola en la cintura, y defendiéndose sin fuerza ante los cuestionamientos de un reportero. Como dueño, podía hacer lo que se le daba la gana, estaba en su terreno, su casa, con esa autoridad levantó a los dos colegas que estaban sentados a mi lado, yo me mostré decidida y con una sola idea en la mente: no lograr que su presencia me intimide.

-¿Tú sabes cómo me llamo? - le pregunte con toda la seguridad que me otorgó el escaso tiempo de estar en su terreno y a su lado.
-No- respondió con una sonrisa irónica.
-Katy Cano- le dije y casi al mismo tiempo le ofrecía mi mano para sellar el saludo, él correspondió el gesto y continuó sonriendo.
- Apunta mi número para que otro día me llames y me hagas una entrevista- comentó mirándome fijamente a los ojos, aunque su mirada parecía nula a cualquier visión.
Inmediatamente, incluso antes de que pudiera terminar su recomendación, yo sostenía mi celular, lista para grabar su número.
-rápida eres- refutó.
-Tú dijiste que apuntara tu número y eso es lo que iba hacer – contesté en tono burlón.
Finalmente logré grabar su número, pero no porque me lo dictara, no creo que la borrachera le hubiera podido dar lucidez para acordarse de su teléfono. Obtuve su número, de la manera menos pensada, le pedí su teléfono y me lo dio, pero en físico, cogí el celular, aun lo recuerdo, NOKIA…, el retrato de una niña adornaba el fondo de la pantalla, marqué mi número, borré el registro de su celular y guardé su número en el mío. Simple.
Las decenas de clientes que colmaban el reciento, de uniforme y apasionado rojo en sus sillones, no nos quitaban la mirada de encima, ¿qué pensarían? que nosotras éramos ¿las invitadas?, ¿las amantes? No lo sé, pero El Chino, nos brindó muestras de amabilidad, vago cariño, a veces acariciaba mi cabeza o apoyaba su mano en mi rodilla, es innegable decir que en algún momento me turbo su olor, sus ojos cerrados y su voz distorsionada por el trago. Vimos juntos dos shows, un grupo de chicas que al parecer iban por primera vez a un prostíbulo dieron muestra de su talento con algunas coreografías.
Un improvisado gitano, resultó ser el imitador perfecto de Alejandro Sanz, creo que nunca escucharé mejor al español como lo hice esa noche, el pequeño salón soltaba ecos perfectos, uniformes, coros soñados, no imagino que exista otro lugar donde "Corazón partido" suene mejor que en Las Cucardas.
Si supiera Laura Pausini, que la más melosa y desconsolada de sus melodías sirve para que una esbelta señorita sin reputación, se deslice con lisura por un tubo bien acentuado al techo. La salsa no podía quedar de lado, "Idilio" de Willie Colon, bien bailado por una morena con gracia, pero sin dicha, una de las putas más atentas con El Chino, la que más se esmeraba en darle cariño y engreimiento, vi sin querer queriendo, que le repartía besos, el fastidiado la apartaba y le jalaba el cabello.
_Tráeme un Cuba Libre, carajo-, le dijo. Ella correspondió con una sonrisa y en pocos minutos estaba con el trago en la mano. Después los vi bailando muy juntos, El Chino es tan torpe para el baile, como solo yo lo podría serlo. No ata ni desata, a penas desprende sus pies del suelo.
Así como vino, así se fue, sin que nadie le dijera algo, Shimabokuro, se quitó antes de la foto que yo ideaba tomarme con él, como trofeo de guerra. El Chino se abrió paso contestando brevemente mis tímidas preguntas. Este dueño de las libidinosas noches limeñas, es de descendencia japonesa, tiene familia, gente que lo quiere y gente a quien querer, como la niña que adornaba el fondo de su celular Nokia.

4 comentarios:

Mongo Aurelio dijo...

aqui estoy, no me fui, sigo pasando por aqui, leyendote.
q buena relatora eres, ¿tenias q ser periodista, eh?
me gusto mucho este escrito, mas me gustaria estar con vos en alguna de estas salidas.
¿me contas mas acerca del chino?
besotes, ¡muack! ¡chuick!
¡segui asi!
yamila

X dijo...

Justo ayer fui x primera vez x alla y vi al chino. Al verlo nunca pense en su lado humano. Interesante tu post.

Anónimo dijo...

Conosco bastante bien al señor victor Hugo. Me parece apresurado que llegues un dia a solicitar una entrevista, para llenar tu pobre blog, y hablar asi de el. Está bien, en tu cumpleaños también tomarías algo de alcohol, esta bien, pero el no esta EBRIO la mayoria del tiempo, como tu lo dices.

Letras Perdidas dijo...

Hola, solo quería preguntarte si el chino esta es su local todo el tiempo o en qué horarios. Necesito ubicarlo para tratar con el unos temas y te agradecería que me ayudes con eso, porfavor. Si puedes alcanzarme algún dato a este correo madam.rolf@gmail.com